“Olimpíadas les enseña a los chicos a escuchar su corazón y seguir lo que más les apasiona”

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Pasaron más de seis años desde que los ganadores de las Olimpíadas Sanluiseñas del Conocimiento2009, el certamen educativo que organiza la Universidad de La Punta (ULP), viajaron a Italia tras los pasos de Galileo Galilei, en el 400º aniversario de la invención del telescopio. Seis años y los recuerdos de esa experiencia educativa, que tuvo su merecido desenlace en uno de los lugares más emblemáticos del viejo continente, siguen más vivos que nunca.

Olimpíadas me cambió la vida. Gracias a esta experiencia no sólo confirmé mi vocación —hoy está a sólo cuatro materias de recibirse de profesora de historia— sino, también, descubrí que en San Luis los chicos tienen oportunidades, que en otras provincias no se dan”, afirma Julieta Sebastianelli (24), quien aquel año integró la delegación puntana como campeona de la disciplina Historia y hoy, desde la organización misma del certamen, se encarga de contagiar a otros con su experiencia.

Pero la edición de 2009 no fue su primera vez en el certamen, que nació bajo la gobernación de Alberto Rodríguez Saá como una política educativa que reconoce el esfuerzo de los estudiantes puntanos. En 2008, esta exalumna de la Escuela Normal de Niñas “Paula Domínguez de Bazán” se animó al reto del conocimiento y, si bien no alcanzó a subirse al podio, logró ubicarse entre los 10 mejores de la provincia.

Un año después, decidida a superarse y ganar el gran premio en juego, volvió a inscribirse. “Viajar a Italia era mi gran sueño. Con 17 años vi que estudiando lo que me apasionaba podía tener la oportunidad de mi vida”, recuerda. Y así fue: luego de aprobar el primer examen con el 100% de las respuestas correctas y el segundo con 97% se quedó con el premio mayor.

“Muchos chicos piensan que para ganar Olimpíadas hay que ser abanderado, un erudito, y no es así. Siempre digo que soy un ejemplo del esfuerzo y la perseverancia. A Olimpíadas le dediqué mucho tiempo y ganas, y no me di por vencida aún habiendo competido y perdido anteriormente”, confiesa Julieta para quien el apoyo de su familia, amigos, su escuela y, en especial, de su entrañable profesora de Historia, Mirtha Fernández, resultaron fundamentales.

Y al final, hay recompensa…

En marzo de 2010, después de disfrutar de un último y agitado año escolar marcado por todo tipo de sensaciones (entre ellas, el triunfo de Olimpíadas), Julieta y el resto de los campeones emprendieron viaje a Italia.

La historia a flor de piel que encierra Roma, la “Ciudad Eterna”; el conocimiento plasmado en las paredes de la mítica Universidad de Bolonia; los pintorescos canales de Venecia; la civilización detenida en el tiempo de Asís, corazón verde de Italia; el icónico museo de Ferrari en Maranello; las majestuosas playas de Viareggio y la mágica visita a la cuna del Renacimiento, Florencia, formaron parte del itinerario.

Cuando vas a Italia vuelve tu cuerpo pero tu alma se queda un tiempo más. Fue un viaje único que no podría haber hecho de otra manera”, confiesa. Pero, sin dudas, lo que más rescata es la amistad que forjó con sus compañeros y que aún hoy sigue vigente.

A casi seis años del viaje que marcó un antes y un después en su vida, esta futura profesora de Historia tiene más puesta que nunca la camiseta de Olimpíadas: “Este certamen no se trata de ganarle al otro sino de superarse a uno mismo. Te enseña a escuchar tu corazón, a seguir lo que más te apasiona, a esforzarte por lo que más querés y que con perseverancia no existen imposibles”.

 

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